miércoles, 21 de diciembre de 2016

Regalos de Navidad para los niños: calidad frente a cantidad

Es tiempo de familia, pero aunque los niños pidan y pidan hay que pensar ellos y en sus necesidades de cariño

La Navidad es sinónimo de regalos, de ilusión y sobre todo de niños. En estas fechas los pequeños de la casa son los indudables protagonistas y gran parte de las fiestas están dedicadas a ellos. Tanto que, a veces, en las familias se les inunda de regalos con los consiguientes problemas. Los niños se saturan, no saben por dónde empezar, se aburren antes de comenzar a jugar e incluso a los pocos días se olvidan de los presentes que han recibido.
La culpa no es sólo de los pequeños que pueden pecar de caprichosos, es más de los adultos que les dan todo lo que piden. La psicóloga Helena Sancho reclama sentido común. «Hay que conocer a los niños. Dejarles pedir lo que quieran no es malo. Es bueno que aprendan que las cosas no se consiguen a la primera. Evidentemente los Reyes no van a traer todo, pero de esta manera van generando más tolerancia a la frustración».
El momento clave es cuando se empieza a escribir la carta. El adulto debe poner un poco de cordura. Los niños son niños y además los Reyes Magos o Papa Noel cuentan con un componente mágico que hace que los pequeños se olviden del valor de las cosas. Por eso, mientras redactan su lista de deseos, es bueno que se les vaya orientando. «Es absurdo que pidan, por ejemplo, un dron, si el niño vive en un piso en la ciudad y además no tiene ocasión de ponerlo en marcha, aparte de que este dispositivo no es precisamente un juguete y puede entrañar cierto peligro», explica la pedagoga Patricia Fernández. Por su parte, Sancho recuerda que los menores lo que en realidad desean es que se les quiera y se les haga caso. «Es más importante que reciban juegos colectivos, de mesa o que impliquen a varias personas en su desarrollo, juegos, con los que realicen una actividad en la que aprendan que no siempre se gana y que es mucho más importante jugar todos juntos.
Fernández, por su parte, reflexiona sobre lo importante que es regalar libros. «Los menores aprenden lo que ven, y si además de fijarse en adultos que leen tienen a su alcance literatura infantil, se conseguirá que vayan adquiriendo el hábito poco a poco». «Es muy bueno que, por lo menos, uno de los regalos sea un libro o un cómic».


Regalos inadecuados

A veces a quienes hay que educar es a la familia. Los abuelos, los tíos, piensan que cuanto más grande y caro sea el regalo más les van a querer los niños. Se llega, incluso, a regalar objetos que no son adecuados a determinadas edades. Cristina, madre de dos niños de 10 y 13 años cuenta su experiencia: «A mi hijo mayor sus padrinos le regalaron el scalectrix digital cuando tenía tres años. Ni que decir tiene que el regalo fue para mi marido, que le faltó el tiempo para invitar a varios amigos con hijos de la edad del nuestro con la disculpa de estrenarlo... y acabaron los padres tirados por el suelo jugando con los coches». Y ese no fue el único año con problemas, rememora esta madre: «Unas Navidades fuimos todos a casa de mis cuñados en Reyes. Fue desolador ver que mis hijos tenían cuatro paquetes y mis sobrinos más de diez. No encontré la manera de explicárselo a los míos».
Otro regalo que cada vez se hace más pronto es el móvil. ¿Para qué necesita un pequeño de 8 años este dispositivo? Según explica la psicóloga Sancho «no podemos enseñar a los niños a que asocien el tamaño o el precio de los regalos con el cariño». «Hay que hacerles ver que un regalo significa que se ha pensado en ellos porque se les quiere».
«Los adultos compran y compran y los niños desenvuelven un regalo tras otro, con auténtica ansiedad, sin darle valor a ninguno. En su mayoría son juguetes que al poco tiempo terminan en algún rincón o en el fondo del armario de los juguetes. O bien porque no ha cumplido sus expectativas, o simplemente porque entre tantos juguetes, quedan olvidados» dice Sancho.
Patricia Fernández corrobora la opinión de la psicóloga. «El problema radica mucho más en los adultos que en los niños. A veces quieren darles todo lo que ellos no tuvieron, o pretenden suplir ausencias, e incluso quedar por encima de otras familias. Y eso no es bueno para los niños, que en realidad no necesitan casi nada. El anuncio de una cadena de muebles multinacional en el que un niño recibe un palo de regalo es muy revelador. En realidad los niños solo necesitan la imaginación. Y un palo puede ser el juguete perfecto. Más vale darles tiempo y cariño o juguetes que puedan compartir con nosotros que llenarles de trastos que acaban apabullándoles y de los que se olvidan en enseguida», afirma Fernández.
Cuando se trata de varios hermanos también se puede optar por hacer algún regalo común. Algo que todos deseen pero con lo que no puedan jugar solos. Juegos de mesa, canicas, pelotas... hay miles de opciones que necesitan más de un niño para ser divertidas.

Algo para aprender

No es necesario que tengan muchos regalos: «Lo importante es el tiempo de juego. Esto no implica qué juguete se regala, sino cómo se juega y con quién». Para la psicóloga es más importante que los niños reciban juegos «con los que realicen una actividad en la que aprendan que es mucho más importante pasárselo bien».
Por otra parte, añade que «hay que pensarse muy bien lo de los juegos que generan envidia y que no ayudan a empatizar. Juegos que generan poca tolerancia a la frustración o peor, que fomenten de alguna manera la violencia». En este sentido, explica Patricia Fernández, «hay videojuegos que son bastante excluyentes. Muchos de ellos son para jugar solos, lo que aísla al pequeño».
Una opción que ayuda a los niños a ser generosos y empáticos es que ellos sean los que regalen a otros. Algunas fundaciones como SolidaryKids proponen que se involucren en campañas en las que los mismos niños donan regalos para los menores más desfavorecidos, y así , por unos momentos, puedan olvidarse de sí mismos.

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