lunes, 9 de julio de 2018

Así afectan las bebidas energéticas a tus hijos


El excesivo contenido de cafeína y azúcar puede tener sobre el menor serios efectos nocivos a corto y largo plazo



Las llaman bebidas energéticas, pero sería más correcto denominarlas excitantes, y son consumidas habitualmente por casi el 70% de los adolescentes entre 10 y 18 años (de los que el 12% consume más de 7 litros al mes), y casi el 20% de los niños entre 3 y 10. Hacia ellos se dirigen las agresivas campañas de publicidad que pueblan el imaginario colectivo de supuestos efectos beneficiosos sobre el rendimiento y la capacidad de concentración, a pesar de que desde años la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no permite que los fabricantes de estas bebidas las atribuyan tales propiedades. Divulgadores y expertos llevan tiempo advirtiendo de los numerosos efectos perjudiciales que su alta concentración de azúcar y cafeína pueden tener sobre la salud de los menores, principales consumidores de estos productos. En Reino Unido, un impuesto grava desde el mes de abril las bebidas con alto contenido en azúcar y una futura ley incluirá la prohibición de vender este tipo de bebidas a menores, así como otras iniciativas para combatir la prevalencia de la obesidad infantil, que afecta en ese país a uno de cada tres niños (y al 18% de los niños menores de 9 años en España).

A corto plazo, la cafeína tiene unos efectos estimulantes comprobados, y es un recurso frecuente de estudiantes en época de exámenes, conductores, personal del turno de noche o deportistas. Puntualmente, “una bebida energéticacon cafeína sí mejora el rendimiento deportivo, ya que aumenta la resistencia frente al ejercicio por disminuir la sensación de cansancio”, sostiene Carlos Casabona, pediatra especializado en nutrición infantil y autor de Tú eliges lo que comes. Pero su uso prolongado, y en especial en los menores, resulta perjudicial. “Un padre no le daría tres cafés a su hijo porque sabe que es una droga. El organismo de los niños tiene una sensibilidad a la cafeína mucho mayor, al no estar completamente desarrollado ni a nivel cardiovascular ni nervioso”. ¿Y cuánta cafeína tienen estas bebidas? Un café normal tiene entre 50 y 60 miligramos, uno de cápsula entre 60 y 90 y un café americano de Starbucks entre 150 y 200. Por comparación, y como señala el nutricionista Julio Basulto en su cuenta de Twitter, una lata de Burn de medio litro equivale a tres tazas de café expreso y a 15 sobres de azúcar. Para Fernando Sánchez Perales, presidente de la Sociedad de Pediatría de Madrid, “es importante resaltar que la cafeína en sí no es mala; de hecho tiene efectos terapéuticos y se usa como fármaco, por ejemplo, en los bebés prematuros, ya que estimula el centro respiratorio. Pero no aporta ningún beneficio a los menores y no hay ninguna cantidad diaria recomendada”.

“Más de la mitad de los menores de 18 años que han consumido en alguna ocasión una gran cantidad de estas bebidas experimentan síntomas como náuseas, vómitos, taquicardias, palpitaciones, nerviosismo… No son graves pero sí molestos”, dice Casabona. Sin embargo, el consumo habitual (una o dos latas diarias) puede tener consecuencias mucho más serias: “Aparecen problemas cardiacos, arritmias, hipertensión arterial crónica, episodios de taquicardias y palpitaciones e incluso se han dado casos de muerte súbita tras consumir dos latas de medio litro, en menores con alguna patología leve de la que incluso no eran conscientes y en los que esta ingesta ha tenido un papel fundamental. Pueden ocasionar alteraciones del sueño, irritabilidad, baja autoestima e incluso casos de psicosis, agresividad y tendencias a conductas de riesgo por una valoración incorrecta de determinadas situaciones”. Todo ello va a redundar en un bajo rendimiento escolar, ya que estas bebidas les ayudarán a mantenerse despiertos si, por ejemplo, quieren estudiar de noche, pero no mejorarán ni su capacidad de concentración ni su rendimiento. “Además, la cafeína produce dependencia, y el día que no la tomas la echas en falta”.
La lista de efectos adversos no se queda ahí. Las elevadísimas dosis de azúcar que contienen aumentan el riesgo de caries, diabetes, sobrepeso y obesidad, dolores de pecho o diarreas. El consumo habitual y prolongado puede ocasionar daños microvasculares que pueden llevar a una enfermedad renal crónica, y las interacciones con otros medicamentos que puedan estar tomándose pueden aumentar los efectos secundarios o disminuir su efectividad. Es sin duda una larga lista de efectos nocivos que muchos padres todavía ignoran, influenciados en parte por unas campañas publicitarias que proyectan una imagen predominantemente positiva, “al asociarse a eventos deportivos como la Fórmula Uno, MotoGP… Se liga a conceptos como el éxito, la juventud e incluso el sexo”, comenta Casabona. “El etiquetado de estas bebidas, además, es totalmente inmoral y peligroso; no quieren asumir el problema. Deberían de señalar claramente que su consumo no es recomendable en menores de 16 años (en vez de referirse genéricamente a “niños”), mujeres embarazadas o en periodo de lactancia o en aquellos sensibles a la cafeína. Pero lo dicen en pequeñito”. Fernando Sánchez abunda en la misma idea: “El etiquetado debería advertir claramente la cantidad de cafeína con equivalentes fácilmente comprensibles por toda la población (por ejemplo: “Esta bebida contiene el equivalente a 2 tazas de café expreso”) y, sobre todo, de la cantidad de azúcar. Además, el nombre popular de “energético” induce a error, porque la fuente de esta supuesta “energía” es azúcar puro que el organismo transforma en grasa”. Los riesgos, en definitiva, son reales y su consumo se debe evitar.
“Además, la cafeína produce dependencia, y el día que no la tomas la echas en falta”
A partir de una determinada edad, “el consumo de estas bebidas excitantes se asocia frecuentemente a la ingesta de alcohol, habitual a partir de los 16 años”, dice Casabona, “con la finalidad de beber sin que te entre ese bajón típico”. El alto contenido en cafeína enmascara los efectos del alcohol, por lo que es posible beber durante más tiempo sin sentirse mal, incrementando considerablemente la posibilidad de sufrir una intoxicación etílica.
Otro de los productos comunes en las estanterías de los supermercados es el agua vitaminada, de diferentes sabores y con múltiples combinaciones de vitaminas y minerales. Y aunque pueden parecer una forma rápida y fácil de completar las posibles carencias nutricionales del niño, estos componentes deberían de proceder de una dieta saludable. “El mejor refresco que puede tomar un niño o un adolescente es el agua y la mayor fuente de vitaminas, oligoelementos, sales minerales y, de nuevo, agua, son las frutas y verduras frescas”, afirma Sánchez. Y no conviene olvidar que aportar una cantidad excesiva de algo bueno también puede ser contraproducente, sobre todo para aquellos menores que ya toman complementos vitamínicos. “Las dosis elevadas de vitamina A, por ejemplo, pueden producir osteoporosis, problemas renales o presión intracraneal, además de poder ocasionar defectos en el feto durante el embarazo. El exceso de vitamina D puede producir irritabilidad, estreñimiento o vómitos. Hay que comer saludablemente, y si es así no se necesitan suplementos salvo que exista otro tipo de situación médica”, añade Casabona.

Fuente: El País


lunes, 2 de julio de 2018

Vacaciones escolares: consejos para reorganizar la rutina familiar

Para muchas familias supone buscar cuidadores, cambiar horarios, buscar campamentos...


Ya están aquí las vacaciones escolares. Hasta el próximo septiembre los más pequeños no volverán a las aulas. Para ellos son tres meses de descanso, un lujo que difícilmente pueden disfrutar hoy en día los mayores. En el trabajo unos, en casa otros, una circunstancia que para muchas familias supone buscar cuidadores, cambiar horarios y, sobre todo, ajustar la vida familiar a nuevas rutinas. Cuando se trata de niños, ya se sabe, no es tan fácil.
Rita Alonso, fundadora de Dommuss, la app para organizarte en familia, nos da 5 consejos para conseguirlo.
Nuevo reparto de tareas en casa: Ahora que los niños tienen tiempo es un buen momento para que ayuden más en casa. Pueden hacerse las camas por la mañana, ayudar a poner la mesa, a doblar la ropa, etc. La experta recomienda establecer un calendario con tareas y responsabilidades y, para motivarles, si cumplen todos sus cometidos, ofrecerles un premio o recompensa.
Comidas y cenas: La mayoría de niños comen en el colegio así que en muchos hogares la preparación de la comida se incorpora a la rutina diaria. La clave es la organización. Rita Alonso recomienda diseñar el menú de la semana con antelación para dejar la compra hecha y no tener que ir improvisando cada día. Ahorra mucho tiempo y da tranquilidad. En su aplicación, Dommuss, existe un módulo para apuntar el menú semanal y al que pueden acceder todos los miembros de la familia. Además, te sugiere menús semanales fáciles y sanos.
Planter un horario de actividades: En los centros escolares se alternan actividades entre las horas de estudio. Siguiendo este modelo, se puede repartir el tiempo diario para que no se aburran: un rato para ayudar con las tareas de casa, después otro para pintar y hacer manualidades y, si se prefiere, algo de carácter más físico. Tras la comida, cuando están más cansados es el momento de dejarles ese tiempo para sus videojuegos o para ver los dibujos. A última hora, con menos calor, el paseo familiar siempre es un gran plan.
Si no se pueden quedar en casa por circunstacias familiares, apuntarles a campamentos es una posibilidad. Los hay tanto públicos como de carácter privado, en colegios, clubes deportivos, instituciones municipales y otros. Es un buen recurso, los niños se divierten, aprenden, hacen deporte y, sobre todo, nuevos amigos.
Aprovechar para aprender: Las actividades y los campamentos pueden estar enfocados a sus aficiones: al fútbol, la natación, la música, la pintura. Asímismo, en casa, padres y cuidadores pueden hacer girar todas las actividades en torno a una temática que les interese: el océano, los animales, la selva, … O por qué no, apostar por los idiomas y que losjuegos y actividades se realicen en inglés.
Aburrirse es bueno para ellos. Para la creadora de Dommuss esto quizá es lo más importante. La idea es tener rutinas y horarios es con la finalidad de que esté todo organizado y fluya mejor, no para poner muchas obligaciones. Los niños están de vacaciones y necesitan tiempo para la creatividad y el aburrimiento, porque ese sentimiento de liviandad y felicidad de las vacaciones infantiles se recuerda toda la vida.

jueves, 28 de junio de 2018

Castigar sin la «Play» no evitará los suspensos en el próximo curso

Analizar las causas, mostrar un autocontrol de la situación y no perder los nervios, claves para que los padres «acepten» las malas calificaciones


El inicio de las vacaciones debería significar descanso, diversión, tardes de piscina y tiempo libre, pero no en todas las familias se da este panorama tan idílico. ¿El por qué? Las malas notas, los suspensos y los alumnos repetidores que llegan con el fin del curso escolar, una situación donde pueden surgir conflictos entre padres e hijos si el progreso académico del menor no presenta la evolución esperada.
Uno de los momentos de crisis más difíciles de gestionar en un hogar es cuando el niño ha suspendido o los padres no reciben información positiva de alguna actitud del pequeño. «Se generan unas emociones que son complicadas de gestionar, provocando conductas poco acertadas», afirma María Campo, profesora del máster de UNIR de Orientación Educativa Familiar. Enfados, gritos, represalias extremas..., son muchas las consecuencias que conlleva no aprobar, «algunas más peligrosas, incluso, que el hecho de haber suspendido o tener que repetir curso», insiste esta especialista.
La respuesta más generalizada e impulsiva a la que los progenitores recurren es el castigo, como efecto directo a los malos resultados y al sentimiento de frustración y enfado. «Principalmente, se tiende a eliminar aquello que más les gusta porque se piensa que así se esforzará más y la reacción será más inmediata», continúa Campo, quien también quiere hacer hincapié en una idea: «A nadie le gusta suspender, ni al que más se esfuerza ni al más “vago”».
«Es muy importante que los padres analicen las palabras que transmiten, que traten de tener un autocontrol de las emociones para no dañar la autoestima de los niños», asegura Campo. Una mala gestión de los malos resultados académicos puede llevar a que los suspensos se conviertan en habitual. «“Te quito la Play”, “Estás castigado sin salir”..., son frases muy típicas en las familias, pero deben valorar hasta qué punto son válidas».

Posibles causas

Ante los cates, la familia debe preguntarse el porqué. «Tacharle de vago solo hará que el niño se quede con esa etiqueta. Nadie nace vago. Puede ser que los resultados negativos vengan por no trabajar lo suficiente o por dificultades en el aprendizaje no diagnosticadas. Hay que mostrar preocupación, buscar soluciones y no enfadarse, porque no vale para nada», comenta Ana Herrero, psicóloga de Brains International School. Esta experta aboga por la idea de «acompañar más a los hijos, aunque les aburra estudiar, pero tienen que comprender que es su responsabilidad hacerlo».
«La mayoría de los suspensos llega por una falta de organización o por un estudio ineficaz de las materias. Otro porcentaje tiene que ver con otra dificultad específica que no se ha detectado. Un pequeño número de alumnos tienen problemas de autocontrol, aunque sí le dedican tiempo a estudiar. El resto ha pasado el curso sin hacer nada, falto de motivaciones», apunta la profesora María Campo. Pese a haber varios tipos de alumnos, «los padres tienden a incluirlos todos en un mismo “saco”, un gran error porque no podrán analizar las verdaderas causas».
Como regla básica, la también psicóloga Ana Arechavaleta, del Hospital Vithas Nisa Rey Don Jaime, recomienda reaccionar con empatía. «No siempre es fácil, pero les estaremos diciendo que estamos con ellos. Eso sí, empatizar no significa consentir o ceder a los caprichos, sino tomar en consideración sus sentimientos y dificultades a la hora de ayudarles».

Confiar, no castigar

Aunque la causa del suspenso no sea la misma en cada alumno, los padres deben actuar igual, sin tener castigos más «crueles» para unos que para otros. «No dejarles salir de casa puede ser una solución para los hijos que no le han puesto ganas, pero no la única ni la más indicada. Hay que exigirles que estudien y se esfuercen, pero ayudándoles. Al final, los resultados serán mejores que con el castigo o el enfado», afirma la profesora María Campo.
La confianza juega un papel fundamental, ya que hará que los menores se motiven más. Así lo afirma la profesora Campo, quien habla del poco tiempo que los padres pasan con sus hijos. «Es importante estar cerca de ellos para que noten su presencia y les impulsen a seguir. No se trabaja igual con gente cerca. Por ello, hay que estar, exigir que se sienten a estudiar y que se organicen».
El final del curso académico 2017-18 ha destacado porque las recuperaciones a los suspensos se han hecho durante el mes de junio en muchas comunidades autónomas. Sin septiembre, el verano se divide en tres grupos: los que saben que han aprobado todo; aquellos que han suspendido alguna, pero pasarán de curso, y los repetidores. «Saber los resultados no significa que el verano sea libre y sin preocupaciones», comenta Herrero.

¿Estudiar en verano?

A pesar de que no va a haber exámenes en septiembre, ¿merece la pena estudiar durante las vacaciones? «No, pero tampoco pueden actuar como si nada hubiera pasado, como si hubiesen suspendido o fuesen a repetir cursos», comenta Eva Marina, directora de la Universidad de Padres. También apoya la idea de reforzar las materias durante un tiempo cada día, iniciativa que muchos padres llevan a cabo.
Pero, ¿cuándo es apropiado empezar a «repasar»? «El cerebro es un músculo que también necesita descanso para recuperarse y regenerarse», continúa María Campo. Esta profesora afirma que, en dos semanas, los alumnos tendrán el descanso físico, cognitivo y mental que necesitan, volviendo al estudio con más energía. «Todos tenemos derecho a parar un poco», insiste Ana Herrero.
Las expertas afirman que un suspenso no puede ser un castigo para toda la familia. Por ello, mencionan la elaboración de plan de estudio como la vía más efectiva para que nadie salga perjudicado. «Es bueno que los niños aprovechen los momentos más lúcidos, que suelen ser por las mañanas, y que estudien o repasen unas dos horas al día. No es bueno dejarles sin vacaciones, pero tienen que saber que los suspensos tienen sus consecuencias», comenta Campo.
Tanto para los aprobados como para los que han obtenido malos resultados, –pese a no dedicarle tanto tiempo al estudio como en el resto del año–, los estudiantes pueden seguir aprendiendo de otra manera, lejos de la rutina, las aulas y las materias. «Es bueno que no pierdan el hábito de lectura, que sientan curiosidad por hacer diarios vacacionales, donde pueden incluir fotos y recuerdos», concluye la psicóloga Ana Herrero. Es una manera de estar activos, pero sin olvidar que están en verano.

jueves, 24 de mayo de 2018

El uso de las nuevas tecnologías sí está cambiando el cerebro de los adolescentes

Estas son las diferencias entre los adolescentes de hoy y los de hace tan solo veinte años


Más estímulos y un contacto constante con las tecnologías. Esas son algunas de las grandes diferencias entre los adolescentes de hoy y los de hace tan solo veinte años. ¿Deben los padres preocuparse por cómo afecta esto al cerebro de sus hijos? ¿Se puede proteger? «Antes los jóvenes tenían que buscarse las rutas para llegar a la información y solo llegaban a una parte. Hoy el acceso a ese contenido es inmediato y en cantidades ingentes. La presión no está en cómo acceder a los datos, sino en con qué nos quedamos», explica Diego Redolar, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y experto en neurociencia y psicobiología.
El cerebro, prosigue Redolar, «es adaptativo, y está haciéndose más efectivo a la hora de buscar y seleccionar». «Esto significa que los aspectos funcionales del encéfalo, que además no acaba de formarse por completo hasta los veinte años, cambien y que un niño que haya utilizado las tecnologías desde muy pequeñito trabaje y procese de forma diferente. No cambia la estructura, pero sí la capacidad plástica», añade. Esto no quiere decir, aclara, «que sea ni peor ni mejor. Simplemente, que tendrá otras estrategias cognitivas. ¿Qué puede ocurrir? Que estos niños y adolescentes estén súper acostumbrados a la inmediatez, y que cuando se produzca una demora su cerebro no esté preparado para ello».

Relaciones sociales


También puede suceder, añade Beatriz Gavilán, doctora en Neurociencias y neuropsicóloga, y también docente de la UOC, que el uso excesivo de tabletas o redes sociales disminuya la exposición del tú a tú. «Si uno no se expone nunca a ciertas situaciones, es mucho más difícil que aprenda cómo estar en un grupo». «Pongamos, por ejemplo, el caso de los videojuegos –propone Redolar–. El problema no está en el uso de los mismos, que además hay estudios que señalan que pueden mejorar ciertas capacidades cognitivas como pueda ser la atención, sino en que el adolescente le dedique muchas horas y deje de hacer ejercicio, de relacionarse con sus iguales... Eso es lo que podría tener efectos negativos».
Lo que sí se ha demostrado, continúan ambos, son las consecuencias negativas que produce el estrés en el desarrollo del cerebro. «Cuando se sufre estrés a largo plazo, el sistema da una respuesta a ello. Mientras que el estrés en los adultos suele relacionarse con el trabajo, en los adolescentes, en concreto, se suele dar cuando perciben una falta de control en una situación que les preocupa. Puede ser una separación de los padres, una desestructuración familiar, o cuando se sufre acoso escolar o bullying», señala el profesor de la UOC. Ante estos hechos, el profesor recomienda a los progenitores que estén atentos por si su hijo sufre una situación vital estresante para poder intervenir en ella y evitar males mayores.
Por último, otro de los factores que puede afectar al correcto desarrollo cerebral es el consumo de drogas como el alcohol y la marihuana. «Pueden generar cambios en diferentes regiones cerebrales y modificar el funcionamiento de la corteza prefrontal, todavía inmadura», concluye este docente.


miércoles, 11 de abril de 2018

¿Por qué una Ley de Familia?



Para diferenciar lo que es nuclear y característico de la familia de lo que es coyuntural o accidental y para lograr su pervivencia antes las transformaciones debemos volver a mirar a la familia.
Desde estas líneas queremos recordar una vez más que una de la funciones principales de la familia es la de ser el grupo social idóneo para proporcionar el ambiente más adecuado al desarrollo de la persona, sobre todo en la infancia. Para ello, según el artículo 39 de la Constitución, los poderes públicos deben asegurar la protección de la familia en los ámbitos social, económico y jurídico.
Con la Ley de Familia elaborada y presentada por el Foro de la Familia en distintas Comunidades Autónomas se pretende ayudar a solucionar los problemas derivados de los cambios sociales recientes que afectan a la institución familiar, como es que la mujer trabaje cada vez más fuera de casa, el aumento de rupturas matrimoniales o el envejecimiento de la población. Para todas estas realidades es necesario un marco normativo que satisfaga las necesidades sociales que se van presentando en la actualidad. Independientemente de la situación concreta,  es fundamental proteger siempre a los más débiles: menores, discapacitados, mayores dependientes, etc.
Esta ley tiene como objetivo establecer un marco jurídico de apoyo a las familias facilitándoles el desempeño de sus responsabilidades y el ejercicio de sus derechos, e impulsar a su vez la creación de un mayor número de familias.
No olvidemos tampoco el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que nos recuerda que “Los hombres y las mujeres,… tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio… La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.
Hoy, la familia, en cualquiera de sus diversidades, tiene fuertes amenazas por las dificultades para compatibilizar la vida familiar y vida laboral (más si cabe ahora por la carencia de ingresos que la sustenten).
El Foro de la Familia se declara férreo defensor de los derechos humanos, y por ello insistimos en la necesidad de recordar a cada uno de los ciudadanos que conforman este maravilloso país llamado España que tienen la obligación de conocer y reclamar el amparo y la defensa de los derechos familiares de las personas: derecho a ejercer la maternidad y la paternidad; derecho a formarse, derecho a mantener y desarrollar una familia; derecho a cuidar a nuestros mayores; derecho a educar a nuestros hijos e hijas; a cultivar las relaciones de pareja; a una jornada de trabajo compatible con la vida familiar; a desarrollar la propia vocación; a tener un compromiso político, sindical, social o cristiano; a no sufrir ningún tipo de penalización por causa del ejercicio de estos derechos; a recibir la ayuda necesaria que garantice el ejercicio de los derechos familiares de las personas.
Desde el Foro de la Familia estamos firmemente decididos a comunicar estos derechos y hacer ver a los ciudadanos que podemos y tenemos la obligación de exigir el ejercicio y amparo de los mismos.

viernes, 16 de marzo de 2018

Diez estrategias para educar a los niños en inteligencia emocional


Las emociones visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestra cotidianidad. Saber controlarlas, gestionarlas y utilizarlas a través del fomento de la inteligencia emocional nos permitirá, sin duda, afrontar nuestro día a día de un modo más eficiente.
Emoción, pensamiento y acción son los tres pilares que hilan cada instante de nuestro ser. De ahí la importancia de ahondar en ese tipo de conocimiento para afrontar determinadas situaciones, para desenvolvernos en nuestra sociedad de un modo eficiente. Entonces ¿no es pues imprescindible que los más pequeños se inicien también en el aprendizaje de la inteligencia emocional?

Un ejemplo, pensemos en esos niños con una capacidad deficiente para aceptar la frustración, e incluso para obedecer una negativa, niños que no respetan a sus iguales y que el día de mañana están condenados a una realidad donde la infelicidad va a ser ese leitmotiv con el que van a tener que vivir, al ser incapaces de comprender a los demás.
El conocimiento, la comprensión y el control de las emociones son básicos para que nuestros hijos se desenvuelvan adecuadamente en sociedad.
Te sugerimos estos principios para que los introduzcas en el interesante campo de la inteligencia emocional. Principios que les ayudarán a desarrollarse como personas y a integrarse.

1. Inteligencia emocional para controlar su ira


Hasta los 18 meses los niños necesitan básicamente el afecto y el cuidado de sus padres, todo ello les aporta la seguridad suficiente para adaptarse en su medio, para explorar y dominar sus miedos. Pero hemos de tener en cuenta que a partir de los 6 meses van a empezar a desarrollar la rabia, de ahí la importancia de saber canalizar sus reacciones y corregir cualquier mala acción.
Hay bebés que pueden golpear a sus padres o hermanos, gritar enfurecidos cuando no se les ofrece algo… acciones que a los progenitores les puede hacer gracia, pero que son necesarias limitar desde su nacimiento. Sobre todo, hay que acompañarlas de mensajes que les inviten al razonamiento y al control de eso que están sintiendo.

2. Enseñar a reconocer las emociones básicas

A partir de los dos años es recomendable iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de las emociones, ya que es cuando ellos empiezan a interactuar con los adultos y otros niños de modo más abierto. 
Podemos realizar varios ejercicios con ellos, como introducirlos en el conocimiento de las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia. 
 ¿Cómo hacerlo? Mediante fotografías de rostros, dibujos, preguntándoles qué les pasa, si están tristes o por qué creen ellos que el otro lo está… Este es un modo perfecto para que aprendan a reconocer sus emociones poco a poco y también las de los demás, y sobre todo, comenzar a desarrollar la habilidad de la empatía.

3. Nombrar las emociones

A partir de los 5 años sería perfecto que los niños supieran ya dar nombre a las emociones de modo habitual: “estoy enfadado porque no me has llevado al parque”, “estoy contento porque mañana nos vamos de excursión”, “tengo miedo de que cierres la luz porque me dejas solo.”

4. Enseñar a afrontar las emociones con ejemplos

Es habitual que los niños en ocasiones se vean superados por las emociones, como las rabietas que les hacen gritar o golpear cosas. Es necesario que nosotros no reforcemos esas situaciones, una vez haya terminado la rabieta podemos enseñarles, por ejemplo, que antes de gritar o pegar es mejor expresar en voz alta qué les molesta. Que aprendan a expresar sus sentimientos desde bien pequeños.

5. Desarrollar su empatía


Para desarrollar una dimensión tan importante como esta es necesario razonar con ellos continuamente mediante diferentes preguntas: ¿Cómo crees que se siente el abuelo tras lo que le has dicho? ¿Por qué crees que está llorando tu hermana? ¿Crees que papá está hoy contento?”

6. Desarrollar su comunicación

Hablar con los niños, hacerles preguntas, razonar, jugar, poner ejemplos… es algo imprescindible en su educación. Debemos favorecer continuamente el que puedan expresarse, poner en voz alta su opinión y sus sentimientos, que aprendan a dialogar.

7. Enseñar la escucha activa

Imprescindible. Desde muy pequeños deben saber guardar silencio mientras los demás hablan, pero no solo eso, debe ser una escucha activa. De ahí que sea recomendable hablarles despacio, frente a frente y terminando las frases con un “¿has entendido?”, “¿estás de acuerdo con lo que he dicho?”.

8. Iniciar en las emociones secundarias

A partir de los 10-11 años van a surgir en sus vidas emociones secundarias que cobrarán más peso tales como el amor, la vergüenza, la ansiedad… Siempre es adecuado que una buena comunicación con ellos nos permita hablar de estos temas abiertamente para que se sientan seguros, ya que habrá situaciones que le causen mucha ansiedad.

9. Fomentar un diálogo democrático



A medida que los niños se van haciendo mayores van a aparecer más demandas por su parte, de ahí que desde bien pequeños les enseñemos la importancia de pactar, de dialogar, de acordar de modo democrático. La familia es un ejemplo de la sociedad y es el mejor campo de aprendizaje.

10. Permitir la expresión de emociones

Para fomentar la inteligencia emocional es esencial que podamos facilitar a nuestros hijos la confianza apropiada para que pongan en voz alta aquello que les preocupa, que les felices pero también infelices. El hogar y la escuela van a ser esos primeros escenarios donde se va a desarrollar su vida. Si les ofrecemos comodidad para que se puedan expresarse y comunicar, también lo harán a medida que crezcan y en el resto de contextos.
Saber comunicarse y reconocer emociones propias y ajenas son, sin duda, imprescindibles para que vayan madurando poco a poco y alcancen una solvencia adecuada para integrarse en la sociedad y ser felices en ella. Nosotros podemos darles esa oportunidad a través de la educación en inteligencia emocional.


lunes, 5 de marzo de 2018

El 16% de los niños tiene su primer smartphone antes de cumplir los 10 años

El aumento en el uso de las nuevas tecnologías hace esencial incrementar la concienciación sobre su uso seguro para evitar que sean víctimas de ciberdelincuentes o ellos mismos incurran en delitos por no utilizarlos adecuadamente


Con motivo de la celebración hoy martes 6 de febrero del Día Internacional de la Internet Segura, desde S2 Grupo se ha destacado que la formación y la concienciación sobre el uso seguro de las nuevas tecnologías continúa siendo tarea pendiente para evitar ser víctimas de los ciberdelincuentes tanto a nivel personal o familiar como en el ámbito empresarial.
La conmemoración de este día internacional fue puesta en marcha con el objetivo de promover precisamente el uso responsable de las nuevas tecnologías, especialmente entre menores y jóvenes.
En este sentido, expertos han advertido de que el aumento en el uso de las nuevas tecnologías por parte de los menores y cada vez a edades más tempranas, hace esencial incrementar la concienciación sobre su uso seguro para evitar que sean víctimas de ciberdelincuentes o ellos mismos incurran en delitos por no utilizarlos adecuadamente.
De hecho, según una encuesta realizada por la compañía a través de su blog Hijosdigitales.es, el 16% de los padres aseguraban haber comprado su primer smartphone a sus hijos antes de los 10 años y que el 22% de los menores, incluidos en esta franja de edad, ya utilizan redes sociales.
«Los problemas originados en entornos conectados son múltiples y la tendencia indica que seguirán aumentando, eso hace que se disparen las alarmas y que desde tanto las instituciones públicas, organizaciones y entidades privadas, nos pongamos en marcha para formar y concienciar a los menores y evitar que sean víctimas de delitos relacionados con el uso de las Nuevas Tecnologías», ha declarado José Rosell, socio-director de S2 Grupo.
En este sentido, el ciber acoso, el sexting, la pérdida de privacidad, las adicciones o las apuestas online son sólo algunos de los riesgos a los que pueden enfrentarse los menores relacionados con este ámbito.
«Muchas familias piensan que limitar el uso de estas tecnologías es la solución para evitar ciberproblemas, pero esto es inútil. Los dispositivos conectados están cada vez más implantados en cada ámbito de nuestra vida y la auténtica forma de protegernos es conocer los riesgos a los que nos enfrentamos y cómo realizar un uso responsable de Internet», ha asegurado Rosell.
Para promover un uso responsable de las nuevas tecnologías, han elaborado un decálogo de consejos claves para que la experiencia sea más segura:
1. Los padres deben aprender a utilizar la misma tecnología que sus hijos. Si estos desconocen los entornos en los que se mueven sus hijos, se crea una gran distancia entre ambos que se traduce en falta de autoridad ante ellos porque son conscientes de que los adultos no tienen experiencia en ese ámbito.
2. Utilizar contraseñas robustas. Son aquellas que contienen letras mayúsculas y minúsculas, signos de puntuación y caracteres alfanuméricos. Además, estas se deben modificar con frecuencia y ser diferentes para cada entorno.
3. No aceptar a extraños como amigos en redes sociales. Esto puede entrañar un grave peligro para los menores, que no saben si en realidad detrás de los perfiles hay gente de su edad o adultos con algún tipo de intención perniciosa. Este es uno de los puntos más importantes y difícil de lograr debido a que los jóvenes miden sus estatus social por el número de amigos en redes sociales y su actividad en éstas.
4. Proteger la webcam. Si un ordenador es hackeado, la cámara puede ser activada por control remoto aunque parezca que está apagado. Si encima el dispositivo está en la habitación del menor, podrían tomarse imágenes íntimas, desnudo, etc.
5. No enviar fotos íntimas. Este es otro de los mayores peligros debido a que los menores suelen creer que sólo las verá aquella persona a la que se la ha enviado y una vez hecho se pierde el control sobre su uso. De hecho, puede acabar desembocando en situaciones altamente delicadas como chantaje o acoso.
6. Cuidado con lo que se comparte. Estar continuamente informando, por ejemplo, de dónde nos encontramos, dónde vamos, si estamos de viaje, etc., podría ponernos en peligro.
7. La mejor medida de protección es la educación. Conocer los riesgos y cómo protegerse es una de las mejores herramientas para evitar ciberpeligros.
8. No utilizar wifis públicas. Estas no suelen garantizar la seguridad suficiente y muchas son realmente «cebos» de ciberdelincuentes para hacerse con el control de nuestro smartphone y tener acceso a toda nuestra información.
9. Configurar correctamente la privacidad de las cuentas en las redes sociales. Es fundamental escoger la opción más restrictiva para evitar que personas no deseadas accedan a nuestros datos.
10. Para evitar que nuestros dispositivos sean hackeados, es importante que el navegador, el sistema operativo y el antivirus estén correctamente actualizados.